Ciudad Quieta

Se fueron las luces.
Se tiñeron de rosas los atardeceres
y la ciudad se hundió en un frío letargo.
El rey guardó sus brillos
y la luna se apoderó de su reino.
Las sombras avanzaron
sin piedad entre nostalgias
y quehaceres,
y un silencio sepulcral
se instaló en el bullicio.
Lentas y pesadas
se volvieron las horas.
Ojerosos y blandengues
se tornaron los apuros.
Ciudad quieta.
Ciudad dormida.
Qué bella te ves así










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Giselle Castillo Vargas dijo
Hola amiga, muy bonito poema, y muy linda pintura. Disculpa que me he demorado un poquito en visitarte, ahora pasaré más seguido, y es una promesa. Te dejo un saludo enorme.
6 Agosto 2007 | 10:15 PM